Antes de que me olvide voy a recapitular y
repasar los conciertos a los que he asistido desde la última entrada. La
hostia, llevo todo 2013 sin registrar aquí mis desmelenes. Para empezar, creo
que lo único que vi en enero fue un triste concierto de Pedro The Lion al que
me invitó Yela, el mediocentro emocional, para que fuera con Dani “El Filtrador
del Prat” Bilis. Era el día de mi cumpleaños. Dani me bailó un poco,
humildemente, allí los dos. Allí era el Lexington, lugar de varios buenos ratos
en este blog de purísima y oro. Muchos de los cuales con Comet Gain de
protagonistas. HOSTIA! Tenía una lista con todos los conciertos que recordaba
desde Navidades y este de Pedro de Lion era el primero, pero, al hablar del
Lexington y de Comet Gain me acabo de acordar de que... antes de este había ido
a OTRO CONCIERTO DE COMET GAIN EN EL
LEXINGTON!! Fui con el sumamente británico Nicol, que le había dicho yo que le
iban a gustar. Y le gustaron, claro. Nicol es 75% mod, muy del Leeds FC y pelín
sombrío. Pero bien, eh? Su grupo favorito es Echo and the Bunnymen. El
concierto moló, tocaron un poco mejor de lo habitual. Alguien les debió de
aguar las bebidas. Y no estaba la pava que también canta. Probablemente una
maniobra de los servicios sociales británicos. No me acuerdo mucho ya del
repertorio. Fue el 11 de enero. Sé que hicieron una versión de “Love
Vigilantes” de New Order y juraría que “Fists in the pockets” cayó, además de
“You can hide your love forever” y “The kids at the club”. Mucha risa con los
speeches de David Feck y mismo mod mayorcito que en el anterior concierto en el
mismo sitio.
*Este vídeo no es de ese día, pero qué más da*
Como iba diciendo, el concierto de Pedro the Lion fue bastante chustón
(aguantamos como tres temas antes de bajar a menear un poco el bullarátl), pero
dio lugar a interesantes reflexiones sobre las fronteras estilísticas de lo
emo. He descubierto que la discusión de este tema con Dani es más fluida pero
menos intensa que con Yela. Me cuesta expresar con palabras ese poso emo que me
repele en algunos grupos o cantantes. Acabo aludiendo a la palabra
“afectación”, pero no me quedo tranquilo. No me quedo tranquilo, chavales. No
me quedo tranquilo.
Ya alcanzado febrero, fuimos al Birthdays a
ver a Metz. Tocaron alto y fuerte,
pero no recuerdo que tuvieran nada de especial. Supongo que a la gente le
apetece eso ahora (o, bueno, en febrero). Rock sucio noventero, rollo nirvana o
un poco Mudhoney, me pareció. Pero más lineal. Bastante mejor mi propia versión
del “Cómo no te voy a querer!” madridista, interpretada, sobriamente, sin
fantasía, de camino al garito.
Lo siguiente probablemente fuera ir a
Pontevedra a probar la miel energética de la colmena de los putos Za!. Los vi en la Moon en Santiago (15
de febrero) y luego en EL LICEO MUTANTE (16), lugar de lugares, la familia, el
amor. Ellos lo sabían y se portaron muy amorosamente con nosotros. Los
conciertos fueron puro descuajeringue, desde antes y desde fuera hasta después,
dentrísimo. Rumba, jazz, hardcore, tropical, metal y rap en la batidora de Edu
y Pau. Me pega la risa la ONU. Luego hicimos karaoke de guerrilla por
Pontevedra y un par de competiciones de baile conceptual. Lo pasamos muy bien.
*Maestría de Flaco, amo del audiovisual móvil*
Y luego volví a Londres, que había poderosos
recitales en el horizonte. A los dos primeros fui andando desde mi casa, lo
cual es muy significativo y muy hermoso. El 28 de febrero salí de casa, bajé
hasta la estación de Highbury & Islington, giré a la izquierda pasando por
la Union Chapel y seguí por Upper Street hasta la estación de Angel. Detrás
está el local donde Carlos THE Jrucho trabajaba y donde trabaja ahora, de vez
en cuando, Santi El Loco Hongo. El Electrowerkz (donde se celebran las sesiones
góticoindustrial Slimelight, los sábados por la noche) acogía a los chavales de
Iceage. Punk hip danés. Chicos
guapos sudados. Era la tercera vez que los veía y fue la primera vez que
superaron mis expectativas. Tardaron menos de lo normal en remontar. Juntando
los temas del New Brigade y del You’re Nothing te haces el mejor repertorio de punk fresco imaginable. Punk
fresco? No sé cómo llamarlo. Hardcore indie-friendly? Pospunk-hardcore? No voy
a un concierto de Iceage como voy a uno de... Today is the Day. Es punk y es
hardcore, pero no es el mismo género, no tiene las mismas convenciones. El
guitarra y el bajista tocan como si estuvieran en, no sé, Pavement. Y no niego
que sean carne de hipsterismo. Pero bueno, dame pan y llámame perro. En el
público sobre todo había chicos jóvenes y pálidos y maduritos nostalgicos y
lectores de la Wire (que los ama). Y un fulano superexcitado subido a un sillón
a 8 metros frente al escenario, sacando puños como celebrando goles del celta
cada vez que las canciones pasaban de la estrofa machacona al hiperespacio del
estribillo disparado.
Al día siguiente fui, andando también, al Café
Oto, el antro aquel de vanguardia, jazz y estudiantes de arte japonesas del que
os habia hablado ya alguna vez, en Dalston. Fui con Fabio. No conocía a nadie
más en aquella sala, aquel día. Era el día de Momus, el excéntrico erudito escocés que había tocado en sus
inicios con los Josef K y que después perdió un ojo por lavar una lentilla con
agua del grifo en Grecia y un juicio contra Wendy Carlos, la compositora
transexual que se hacía a Bach con sintetizadores. El juicio era porque en una
canción, Momus sugería que Carlos podría viajar en el pasado y casarse con su
yo masculino pre-operación. Ya ves, no era para tanto. El concierto fue otro
karaoke salvaje con mimica circense sobre proyecciones preparadas. Suena mal,
pero fue muy divertido. Las letras son muy buenas y el tío las interpreta muy
bien. Hasta traía una versión del último single de Bowie, “The Stars are out
(tonight)”. Versión de la canción y del vídeo. Muy puto jefe. Salí de allí sin
conocer a nadie nuevo. Ni estudiantes de arte japonesas ni nada.
*Este no era el vídeo-parodia que sacó allí, pero bueno*
Lo siguiente fue el horriblemente hortera
concierto de Olafur Arnalds en
Barbican. Espectacular recinto, inmejorable compañía (la de Yela, que me había
invitado para no ir solo) y público entregado a un asunto flojo, cursi y
preciosista en plan capítulo de Anatomía de Grey. Me ha dicho Yela que es cosa
del último disco, que el anterior era mejor. Lo mío ya no son prejuicios. Este
último año he visto a A Winged Victory for the Sullen, Max Richter y Olafur
Arnalds. No soporto esta ola de contemporánea “emocionante”. Peor que el
post-rock. Ahí es nada, chavales.
Dos días después fui al ICA, lugar sagrado
para los interesados en Throbbing Gristle, para ver a Factory Floor, que hacían su rollo electrónico sofisticadamente
post-industrial y se lo echaban a Simon
Fisher Turner, un especialista en soundscapes que ha hecho bands sonoras,
entre otros, para Derek Jarman, que manipulaba lo que allí iba sucediendo. Fui
con Dulce Caramelo Chimo y lo pasamos muy bien. Las proyecciones eran un poco
H&M de más, pero los requiebros de lo temas, el sonido y las dinámicas me
gustaron mucho. Así sí, hostia!. Luego dimos una vuelta allí mismo por la
exposición de fotos de un fulano de estos que hacen fotos a yonkis y
famosos/yonkis en bolas que dan mucho mal rollo pero que al mismo tiempo, ay!,
tienen ese aquel...
El día del padre fuimos a ver a The Men a The Garage. Tardé 4 minutos
en llegar, andando. Me queda más cerca que cualquier supermercado. Fui con
Yela, DCC y un amigo suyo que se llama David. Al principio tocaron Parquet Courts que ni fu ni fa. Hacen
indie-rock noventero pero más tranquilos que Metz. Me dieron las mismas ganas
de llegar a casa y buscar sus discos que con los anteriores. The Men estuvieron
bien, se van haciendo grandes con sentidiño. No moló tanto como aquel bolo del
Shacklewell Arms (aquí lo reflejé), pero moló más que el del Primavera, claro.
Rock fuerte al galope, riffs para todos, dos o tres temas realmente brillantes
y un par de desarrollos largos que resuelven muy bien y, bueno, da gloria
verlos. Estos conciertos son por los que vale la pena estar por aquí. A DCC y a
mí nos gustaron especialmente.
*Vídeo de David. Perdona, tío. Estuvimos un poco pesados*
Poco antes de volver de vacaciones a mi amada
tierra, fui a que me tocaran un poco los cojones al Koko, que tocaban Swans y
otros malhechores, en mayor o menor medida. La fatalidad y el hecho de que esa
misma noche me pegaba la paliza del viaje hicieron que me perdiera a los dos
primeros artistas, que eran dos de los tres que más interés tenía en ver.
Grouper se me escapó del todo y de XiuXiu sólo escuché un par de gemidos
retorcidos y dramáticos con mucho reverb, desde la puerta, mientras Yela y yo
parlamentábamos amigablemente con el personal de la sala (no nos dejaban entrar
por un par de detalles). Lo que no me perdí fue la vacua demostración de fuerza
de Ben Frost, que es muy apuesto y
se lo ha montado bien, pero sólo es capaz de dar miedo cuando tira de volumen y
de la potencia de PA de la sala. Los dos baterías que le pespuntaban las
ráfagas de Mac podían haberse quedado en casa jugando a las cartas. Además, el
fulano iba descalzo por el escenario. Por favor. Así no.
Lo de Mercury
Rev me dolió aun más, porque me esperaba algo decente y no la banda sonora
insustancial para la película naíf de niño-que-persigue-globo de turno (Red Balloon, de Albert Lamorisse, el
pavo que inventó el Risk y luego murio en un accidente de helicóptero). Entre
disco y psicodelia, todo descafeinado, muy aburrido. Mal.
Luego tocaron Swans. Así se lo expliqué a DCC por
chat (copio y pego): Swans hicieron su show de 2h15', pero ya con el criterio que nos dan
los años de aguantar abusos, descansamos antes, absorbimos la primera hora de
vejaciones muy bien y, aún con hambre, a la hora y pico fuimos a la terraza a
fumar un porro y volvimos que aquello parecía Jesuschrist entrando en burra en
Jerusalén (o donde fuera). La gente nos acariciaba con ramitas. Swans le daban
fuerte a la procesión y yo me quedé en un balcón a ver el espectáculo desde
arriba. Hacen una cosa en un tema que dividen el grupo en dos y se lanzan
ráfagas lentas, el grupo a al grupo b. Mucho rato, te erosionan los nervios. Pero
cuando ya empiezas a abstraerte a lo bestia y te han dejado aturdido, le vas
viendo una belleza descomunal al asunto y acabas sacando los pañuelos, a ver si
cae algún sacrificio humano o algo.
Ya de vuelta en Londres, entrando en la
primavera, fuimos Dani Bilis, Yela y yo a ver a Sun Araw al Corsica. Otros amados de la Wire, raros y difíciles de
atajar. Pero antes fuimos a cenar (chuletón) a un colombiano y a bailar
(Juanes) un poco allí. Es que aquello es Elephant & Castle y hay mucho
rollo colombiano. Es tradición, ya, cuando vamos allí. Llegamos relajados y
sueltos. Los dos artistas tardaron un poco en calentar. Eran muestras, samples,
clicks y cuts, glitches y rafaguitas de sinte, de base. Loops. Y luego le
ponían encima guitarra y una especie de saxofón pequeñito de manera (disculpen
mi desconocimiento, parecía un instrumento tradicional africano). La guitarra
tardo en acomodarse sobre el lecho ese posmoderno. Pero cuando por fin
conectaron aquello parecía una fiesta en el lupanar de Jabba el Hutt. Sonidos
exóticos del futuro. Soltaron muchas ideas muy interesantes. Estructuras que
parecía que no tenían sentido y luego iban encajando. Iba bastante más dirigido
al cerebro que a las caderas, pero algún meneo se vio. Arte abstracto y libre.
El último de esta breve y ligera tanda es el
de Jonah Truchanga (no, es Matranga, que también hace gracia y
además, pues que se llama así de verdad). Es el pavo de Far y luego de New End
Original y onelinedrawing. Uno de los humanos más emo sobre la faz de la
tierra. El concierto fue en el Windmill de Brixton, un sitio pintoresco donde
parece ser que hacen barbacoas y cosas así. Este mes tocan, además de Matranga,
el Jeffrey Lewis y el Damo Suzuki. Para que os hagáis una idea (bastante
heterogénea). Fui con Yela, que me puso ojillos y no pude decirle que no.
Fuimos, además, después del 4 – 1 que le administró el Borussia Dortmund a su
Real Madrid. El Matranga dio un concierto acústico en solitario de MUCHO hablar
y de MUCHOS chascarrillos. A mí me recordó muchísimo a Steve Carell en The Office.
Pero la peña le reía las gracias, claro. Tocó temas suyos (sólo uno de Far, lo
detectó Yela) y versiones de Prince, Sinead O’Connor, Outkast, Deftones... buf.
Al final se subió un espontáneo al escenario, un parroquiano de allí llamado Washington
que había estado pegando gritos desde el fondo (claramente no venía al concierto)
y allí improvisaron una canción llamada Ponyboy. Fue bastante indoloro, la verdad.




